
San José, la capital de Costa Rica una ciudad en medio del caos y
la congestión vial está día a día tratando de abrir más espacios
para que sus habitantes tengan la posibilidad de interactuar con la
ciudad y percibirla de modo diferente. Por ello, la apertura de
bulevares le ha permitido a los transeúntes disfrutar de un paseo
capitalino libre de vehículos. Cada día es más la preocupación por
rescatar el encanto urbano y su interesante vida cultural, esto se
vio en los meses pasados cuando caminando por la ciudad me
encontré con una exposición maravillosa: puestas en las calles
estaban las famosas vacas hechas por artistas nacionales.
El proyecto llamado “Cow Parade”; la misma idea que nació en Suiza,
en 1998, y que se ha ido efectuando por el mundo, adaptándose a los
contextos culturales de cada país y según los estilos y perspectivas de
cada artista; me acordé de inmediato que también ví adaptaciones de
este proyecto en otras partes, por ejemplo, en Alemania, cuando los
artistas intervinieron grandes osos, y en Colombia, donde sucedió lo
mismo con enormes caballos y bellísimas mariposas.
Las 120 vacas que componían este Cow Parade costarricense
fueron hechas por artistas y diseñadores nacionales, quienes
plasmaron en ellas rasgos propios del país, como el café, la fauna,
la flora entre otros. Así, caminando por esta exhibición, me
encontré con la vaca payasa, con la bailarina, con la modelo, la
vaca loca, la vaca cafetera, la vaca de la paz, la del canopy, la
vaca sapa, la que se veía por dentro, la vaca hecha de nubes, la
vaca volcánica, la vaca pueblerina… en fin, muchas vacas para
todos los gustos y cada una más linda que la otra.
Algunas de estas maravillosas vacas
fueron expuestas en centros
comerciales para mantenerlas mejor
vigiladas, ya que mucha gente quería
llevarse a casa un “recuerdito” de ellas,
algo que refleja perfectamente el
sentimiento de apropiación que
despertó en los visitantes este
fenómeno artístico; este gesto de la
gente hizo que despues las vaquitas
capitalinas tuvieron que ser reparadas
en el “Hospital de vacas” para ser
subastadas con el objetivo de que un
porcentaje del dinero que se recaude en
esta venta se destinará a organizaciones
que hacen obras humanitarias, de salud y
beneficencia.
Lo más interesante y destacable de esta
idea maravillosa fue que dejó como
enseñanza a los habitantes y visitantes de
San José, la posibilidad de convivencia
con el arte expuesto en espacios públicos
y, por lo tanto, el aprendizaje de nuevas
formas artísticas y opciones de
involucrarse con ellas.
Después de unos días de estar en esta
ciudad, visitando cada vez que
podía a estas vacas artísticas,
me quedé para asistir a algo
que no pude dejar pasar: un
gran evento nunca antes visto,
por lo menos para mí: los animales
del campo de Panaca -caballos,
cabras, ovejas, perros, cerdos,
y vacas en vivo- vinieron a la
ciudad a despedir a las vacas
pintadas por artistas nacionales.
Esta suntuosa despedida se
adornó con espectáculos
de música y baile, lo que
hizo que todos pudimos
disfrutar de una gran fiesta.
De esta manera, se completó
un ciclo más del recorrido
por el mundo, desde hace
una década, de estas
vacas siempre vestidas
por los artistas del país
que las acoge, y que en
esta ocasión pasaron por
Costa Rica y dejaron una
profunda huella en la ciudad y en
visitantes que, como yo, queremos
siempre volver una y otra vez a esta bella
capital que demostró un cambio urbano
por medio de la experiencia artística.
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