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Siguiendo un serpenteante camino llegamos a Montezuma, este
pequeño rincón en las costas del pacifico, sin duda, atrapa.
Tiene una variedad de alojamientos, desde los que envuelven
dentro de la selva, donde los monos y las aves cantan en la
ventana, hasta los que te llevan a soñar con el mar justo donde
las olas revientan.

Hay supermercados, tiendas de souvenirs, además para los que
no se pueden desconectar hay internet y servicio postal. Asi
mismo cuenta con restaurantes, también son variados, se
pueden encontrar tanto delicias de una clásica soda como
cocina internacional.
Por otro lado, en lo que respecta a la aventura, hay actividades
para todos. En el río Montezuma un sendero lleva a una
hermosa catarata donde puedes darte un refrescante baño.
Para una dosis de adrenalina un canopy tour y para los más
relajados claro, aparte de leer de un libro disfrutando el sol,
puedes encontrar diferentes opciones como yoga o un masaje
reparador.
Por su parte el pueblo es mucho más que un lugar turístico.
Montezuma tiene una atmósfera que envuelve. Contemplar los
pescadores en la playa moviéndose por el oleaje y los niños
jugando alrededor de las pangas, alegra el espíritu.
En fin, caminar hasta Playa Grande, es un ejercicio que
transporta a un idílico paraíso, y encontraras playas salvajes de
arena dorada, donde las olas revientan entre las rocas, los
monos pasean por los árboles y los atardeceres pintan el cielo
de rosas y naranjas.
por Sergio Kendall
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